
Introducción
Promesa
Promesa es una aplicación de acompañamiento para la lectura, el estudio y el conocimiento de la Biblia.
Con una Biblia al lado
Aquí tienes las referencias y las explicaciones que necesitas, pero te recomendamos tener a mano un ejemplar en papel para leer los pasajes completos y crecer en su trato. Sirve cualquier Biblia católica; dos buenas opciones son la Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra y La Biblia Latinoamérica.
Cómo nos acercamos a la Biblia
Unas claves breves para leer la Escritura como lo hace la Iglesia. Dan forma a todo el estudio de Promesa.
La Palabra de Dios
La Biblia es la Palabra de Dios puesta por escrito, y toda ella habla de Cristo y en él se cumple (cf. Catecismo, 134). Por eso acercarse a la Escritura es acercarse a Jesús. En Promesa la recorremos como una sola historia que conduce a él.
Inspirada y sin error
Dios es el autor principal de la Escritura; se sirvió de autores humanos como instrumentos libres. Por eso enseña sin error, «para nuestra salvación» (Dei Verbum, 11), lo que quiso confiarnos. No es un tratado de ciencias: cuando describe el mundo, habla como lo vemos.
Escrita para salvarnos
Dios no habla solo para informarnos, sino para salvarnos y entrar en amistad con nosotros. Se pone a nuestra altura, como un padre con sus hijos. Por eso la leemos no con curiosidad fría, sino como quien escucha a alguien que le quiere.
Los sentidos de la Escritura
Primero el sentido literal: qué quiso decir el autor humano, según el género (relato, poema, carta, parábola…). Sobre él, los sentidos espirituales: cómo el Antiguo Testamento anuncia a Cristo, a la Iglesia y los sacramentos (la tipología), qué nos enseña para vivir y hacia dónde nos encamina. Lo literal y lo espiritual no se separan.
Cómo la leemos
La Iglesia nos da tres criterios (cf. Dei Verbum, 12): atender a la unidad de toda la Escritura, que es un solo libro; leerla dentro de la Tradición viva de la Iglesia; y en la «analogía de la fe», en armonía con todo lo que creemos. Por eso cada explicación de Promesa se apoya en la Escritura, el Catecismo y la Tradición.
Leída en la Iglesia, hecha oración
No leemos la Biblia solos, sino en la Iglesia y con los santos y los Padres que la han vivido antes que nosotros. Y no la leemos solo para saber, sino para orar y convertirnos: la Escritura es alimento del alma (cf. Dei Verbum, 21). Estudiar la Palabra y rezar con ella van de la mano.
La Iglesia «recomienda de modo especial e insistente a todos los fieles… la lectura asidua de las divinas Escrituras», pues «desconocer la Escritura es desconocer a Cristo».